Continuará…

Rey de Reyes del POP (III): Novelas

He decidido prescindir de La última tentacion de Cristo porque el enfoque ya lo he tratado con la pelicula y porque de Kazantzakis he incluido Cristo de nuevo crucificado. Entre los autores hay de todo: católicos, ateos, maronitas, ortodoxos y hasta un judío, aderezados con algo de homosexualidad y cierto comunismo militante, además de las profesiones de historiador, el par de periodistas, mitólogo aficionado, dos poetas y medio, y, en el caso mas exotico de todos, un ufólogo. El cachondeo padre, vamos. Son sólo novelas escritas del 1900 hacia aquí, y una selección muy personal, dado que la producción escrita es ingente y los mismos Evangelios canónicos -sin entrar ya en los apócrifos- podrían considerarse ficción en prosa.

Queda fuera Anne Rice porque todavía no he leído su prometedora trilogía crística. Espero que salga Lestade y que haya mucho homoerotismo. He de señalar, en cualquier caso, que esta señora es persona non grata para el staff de Continuará… desde que saltó con unas declaraciones en las que pedía a sus fans que no escribiesen fanfictions sobre sus vampiros gays, que eso no la hacía feliz para nada. Aun así, me encanta que en una de las entrevistas promocionales sobre sus novelas crísticas sostuviese que Jesús es “el héroe sobrenatural definitivo”.

De nuevo me he saltado la regla de la aparición explícita, pero he dejado fuera Nazarín, de Galdos, y barrabasadas hereticas que poco tendrian que aportar del tipo El codigo Da Vinci. Ha quedado fuera tambien una obra de teatro inédita de juventud de Federico García Lorca, Cristo, porque era teatro y no novela -si, soy idiota-, pero que resulta bastante interesante y recomiendo a los adictos al teatro de Lorca. Que yo sepa, solo está disponible en el tomito recopilatorio de rigor de Cátedra que se llama Teatro inédito de juventud, en un alarde de originalidad.

Jesús, el hijo del hombre, de Khalil Gibran (1928)

Khalil Gibrán nació en el Líbano y vivió a caballo entre este país y los Estados Unidos prácticamente durante toda su vida. Educado en la Iglesia cristiana maronita y nieto de un sacerdote, tanto esta novela como otras más conocidas, por ejemplo El Profeta, filtran su visión de la vida rayana en lo agnóstico pero espiritual y, sobre todo, su humanismo enraizado en el cristianismo. Pintor, poeta y ensayista además de novelista, murió joven, a los 48 años, y marcado por una vida llena de desgracias familiares.

Jesús, el hijo del hombre narra la vida de Jesús de Nazaret desde el punto de vista de quienes le conocieron. Cada capítulo, la mayoría de corta duración, es el testimonio de uno de sus discípulos, conocidos o enemigos, que explica un episodio concreto de su vida, filtrado por su particular percepción de los hechos. Así, mientras el sacerdote de Cafarnaum lo acusa de estafador y ‘taumaturgo’, Pedro se recrea admirado en su grandeza.

Destacan los episodios de la Magdalena, uno de los pocos personajes que repite en varios capítulos a lo largo del libro, que rozan de la manera más sutil que pueden el erotismo sin caer en él. Aunque narra algunos de sus encuentros concretos con Jesús, la mayor parte de dichos capítulos se centra en las descripciones del rostro, la boca, la voz, el talle o la forma de andar de Jesús, mientras la de Magdala se maravilla del efecto que esas breves conversaciones han tenido en su vida.

Algunas situaciones reinterpretan pasajes del Evangelio, como la ampliación del sermón de la montaña, al que Gibrán añade Bienaventuranzas de su propia cosecha. Otros recogen tradiciones de la Iglesia maronita que nos sonarán exóticas a los de educación católica pero que para el autor no lo eran tanto. Finalmente, están los añadidos, que van desde episodios tan curiosos como el del padre del novio que invita a Jesús a una boda porque quiere ver repetido el milagro de Caná hasta los viajes del profeta al mismo Líbano o Siria.

Aunque el enfoque es fundamentalmente positivo, llaman la atención los capítulos narrados por Caifás, los sacerdotes de Nazaret y Cafanaún y otros enemigos políticos o religiosos de Jesús, que lo tiñen como un charlatán que engaña a las mentes sencillas o un sedicioso y un violento. Por otra parte, entre los admiradores extranjeros -un boticario romano, un mercader de Tiro, un sabio persa o un retórico ateniense- siempre el punto de vista analiza a Jesús desde el ámbito de actuación del narrador: Jesús como médico, Jesús como retórico, Jesús como viajero…

Gibrán, como en muchas otras de sus obras, se contagia del estilo bíblico y elabora pasajes de barroca construcción neotestamentaria. El ejercicio, que roza lo poética, es temáticamente respetuoso pero incluye propuestas innegablemente subversivos, y no sólo para el maronita.

Rey Jesús, de Robert Graves (1946)

Jesús como rey, como líder político. El Mesías en el sentido del Antiguo Testamento, cumpliendo con todos los requisitos de la religión tradicional y sincrética de la tradición hebrea ancestral, pero también concentrando los recurrentes debates sobre el enfrentamiento entre dioses masculinos y femeninos y aderezado con el milenarismo propio del judaismo talmúdico. Un lujo, vaya.

Robert Graves, novelista, ensayista e historiador que siempre se consideró a sí mismo poeta antes que cualquier otra cosa, es conocido por sus ensayos sobre mitologías -los exhaustivos Los mitos griegos y Los mitos hebreos por novelas históricas como Yo, Claudio o La hija de Homero. Rey Jesus sigue la misma estela  de reinterpretación de mitos de la antigüedad a partir de indicios históricos, aunque no necesariamente procurando una recreación historicista, que Graves ni siquiera pretendió que fuese exhaustiva en su mejor obra, Claudio el Dios y su esposa Mesalina. 

Rey Jesús parte de una anomalía histórica presente en los Evangelios sobre la que Graves vuelca todos sus conocimientos históricos para regalar una hipótesis cuando menos, llamativa. Se pregunta el autor -por medio del supuesto narrador, un romano del siglo II- cómo es posible que Poncio Pilatos recibiese en audiencia a Jesús durante su proceso judicial, cuando este tratamiento era un privilegio reservado para los ciudadanos romanos. La explicación de la novela -que no la más lógica, que el redactor evangélico se lo inventó para dejar bien a Pilatos- es que Jesús era, efectivamente, ciudadano romano.

¿Cómo? Sólo había en el siglo I dos maneras de serlo sin nacer en Italia: o por nombramiento o por filiación, es decir, que eras romano si eras hijo de un romano. Antes que meterse en la leyenda del centurión Pandera, Graves elabora otra explicación: Jesús es rey por herencia, hijo de un monarca asociado a Roma, y, por tanto, romano. Jesús es hijo de Herodes Antípater, primogénito de Herodes el Grande -el de la matanza de los inocentes- y hermano mayor de Herodes Antipas -que ordenaría la muerte de Juan el Bautista-. Antipater, al que el mismo Emperador Augusto parece que llegó a tener en alta estima, fue encarcelado por intentar derrocar a su padre y murió en prisión.

Esta paternidad oculta, acompañada de la filiación davídica para María -y así el matrimonio entre Antipater y la madre del futuro rey se realiza en secreto por razones políticas-, reinterpreta el trasunto épico de Jesús como una auténtica rebelión, aderezada con tintes milenaristas. Jesús y su primo Juan son educados por los esenios y aprenden el equivalente a la magia para la mística judía del momento. La Magdalena es una hechicera rival de la Diosa Madre y la resurección de Lázaro un ejercicio de inmodestia que Jesús sabe que pagará, ya que para ello necesita pronunciar el nombre secreto de Dios.

Graves también aprovecha para volcar sus conocimientos en mitología comparada, con griegos y romanos paseando por la Palestina del Siglo I y señalando la evolución de las respectivas deidades. El mismo Jesús -pelirrojo, cojo y nieto de Herodes el Grande- admite los mitos sobre Lilith y las supuestas dos esposas de Jehováh, mientras un viajero fenicio apunta a como Saray, la esposa de Abraham para los judíos, fue en tiempos Sarah, la diosa del amor con cola de pez de los cananeos.

Finalmente, Judas es un discípulo de formación esenia claramente aventajado y que traiciona a Jesús por orden de este pero en secreto, cuando el Maestro ejecuta ante sus discípulos la parábola del mal profeta escrita en el Libro de Zacarías, en la cuál el pueblo reacciona tras ser ejecutado Zacarías por predicar mentiras y saltarse la Ley. Así, el Jesús de sus últimos días se contradice, come carne y bebe vino pese a ser vegetariano y abstemio, y quebranta la Torá a sabiendas. Judas comprende que es una prueba y lo denuncia, esperando ambos que la muerte del Maestro despierte al resto de discípulos, que no han comprendido su mensaje.

Judas conspira con Nicodemo, miembro del Sanedrín que ha descubierto la filiación secreta del Nazareno. El fariseo concibe un plan que acaba fracasando: pretende que Caifás, al entregar a Jesús a Pilatos, desvele sin querer su calidad de heredero del trono de Judea al Gobernador romano, y que sean los mismos invasores quienes lo sitúen como rey por encima de sus tíos, ganando así el país un monarca teocrático dentro del Imperio.

Cristo de nuevo crucificado, de Nikos Kazantzakis (1948)

En el pueblo griego de Licovrisí, en tiempos de la dominación turca, se celebra todos los años la Pasión con una representación en la que los diferentes vecinos encarnan a los personajes del Evangelio. Pero este año algo cambia, cuando un grupo de refugiados, griegos como ellos, llegan tras ser su pueblo arrasado por el invasor turco. Los vecinos los rechazan, por miedo a la reacción del Aga turco que domina la zona, y estos se refugian en los montes cercanos. En el drama que venga a continuación, cada habitante del pueblo adquirirá los caracteres de su personaje, de tal manera que el joven Manolios, Cristo, acabará sacrificándose por el bien de todos.

El epitafio de Kazantzakis es uno de los más célebres que existen: ‘No espero nada, no temo nada. Soy libre’. El escritor está enterrado a las afueras de Heraklion, su ciudad natal en la isla de Creta, porque la Iglesia ortodoxa no consintió en darle sepultura en un cementerio religioso. La culpa, claro, no es tanto de esta novela como de La última tentación de Cristo, aunque toda su obra está impregnada de religiosidad y, sobre todo, de dudas sobre la figura del Mesías, por el cual su fascinación en un sentido positivo es innegable.  Cuando nació Kazantzakis, Creta aún era turca, y su vida lo llevó a vivir en más de una docena de países. Aparte de las crísticas, su novela más conocida es Alexis Zorba, que inspiró la película Zorba el griego.

Cristo de nuevo crucificado es, una vez más, el juego de la identificación que vimos en la entrega anterior al menos en dos películas, Jesús de Montreal y La pasión de Josué el hebreo. En España hay otro ejemplo enNazarín, de Benito Pérez Galdós. En el caso de Kazantzakis, traslada la acción de un ámbito rural de su país en un momento histórico muy concreto para, al mismo tiempo que universaliza el mensaje humanista y el sacrificio del nazareno, volverlo concreto, apelar individualmente a cada lector y a sus lectores griegos en particular, ya que el relato no deja muy bien a la Iglesia ortodoxa.

El escritor griego, tanto en esta novela como en el resto de su producción, desgrana sus dudas e inquietudes en el plano religioso. A lo largo de su vida, Kazantzakis se consideró en algún momento nacionalista, comunista y humanista, además de ir moviéndose hacia planteamientos más pacifistas conforme fue envejeciendo. Aunque no es su última novela, en Cristo de nuevo crucificado todos estos planteamientos están explicados, a través de unos personajes anclados en un momento histórico muy concreto, pero también en la forma en que estos retratan la peripecia evangélica casi sin ser conscientes.

El tono puede rozar la cursilería para el lector actual, aunque es menos simplón de lo que parece. Al protagonista, Manolios, lo rodeará durante toda la novela un aire de fatalidad que su papel como Cristo no hace sino confirmar. Por otra parte, el decadente Aga turco encarna con evidente facilidad a cualquier dirigente corrupto y avaricioso, y conviene recordar aquí que Kazantzakis fue amigo del trotskista Victor Serge y acabó abandonando el comunismo tras ser testigo presencial del ascenso de Stalin al dominio de la Unión Soviética.

Caballo de Troya, de J.J.Benítez (1984-2011)

Aviso a navegantes: yo no me creo nada. Ni de lo del viaje en el tiempo ni nada de lo que haya dicho alguna vez como personaje público don Juan José Benítez. Es un chuflas y un estafador que se aprovecha de las creencias de la gente para llenarse los bolsillos y, por si fuera poco, va de digno.

¿Qué decir de J.J. Benítez? Ufólogo o algo así, al que con flagrante poca vergüeza, Televisión Española le ha permitido emitir en horario de máxima audiencia más de una vez, supongo además que con remuneración a la altura, tiene una “teoría del todo” sobre las visitas de los marcianos a la Tierra que vende con cada reescritura de la misma. Sobre su acercamiento a la novela, lo hizo con cierto rollo new age y la Fundación Urantia por medio. Tendría gracia si no pretendiese que todo es verdad, cosa que hace.

Último párrafo respecto al tema: la edición en la que lo leí es de antes de nacer yo mismo, perteneciente a mi señor padre, vía Círculo de Lectores –luego, el libro ya llevaba mínimo un año en las librerías–, e incluye una introducción en la que Benítez explica cómo se le ocurrió, se documentó y lo lejos que está su intención de ofender a nadie con lo que es un simple ejercicio de ficción.

El argumento de la novela, o serie de novelas miserable y torpemente alargadas hasta la extenuación, es el viaje en el tiempo de dos astronautas norteamericanos hasta el año 30 para presenciar los últimos días de la prédica de Cristo y su posterior muerte y resurrección. Así, dicho por las buenas, ni siquiera suena mal.

A efectos prácticos, tras un poco de tecnobable para explicar el viaje que nadie con un nivel de Física de la 4º de la ESO puede leer sin irse por la pata abajo, y un prólogo conspiranoico en el cual un investigador de lo desconocido –al principio anónimo, luego Benítez himself conforme subieron las ventas– cuenta el clásico rollo del “manuscrito encontrado”, empieza una novela histórica ambientada en la Palestina del siglo I con la gracia de que el narrador tiene la perspectiva de un científico del siglo XX.

Jesucristo es algo parecido a la perfección new age chunga, pero dónde la novela fue “innovadora” es en la descripción minuciosa de la tortura, aportando, tecnobable mediante, numerosos datos sobre el sufrimiento del crucificado, médicamente hablando. Por lo demás, da crédito a los evangelios mezclándolos según le parece y trata de dar “caracterización” a los secundarios del Nuevo Testamento, con cada apostol teniendo una personalidad más o menos diferenciada y esas cosas, lo que en las dos primera entregas funciona bastante bien.

Tiene una escena made in Benítez, la oración en el huerto, en la que Marcos –un niño de diez años que sigue a Jesús a todas partes, supuestamente el posterior evangelista– ve un ángel, pero el viajero del tiempo reconoce perfectamente un traje de astronauta y la “luz del cielo” que ilumina al Jesús orante como un ovni. En la crucifixión, el “sol cubierto de tinieblas” es otro ovni, que se coloca estratégicamente cubriendo el disco solar sobre el calvario, y el terremoto, una detonación nuclear subterránea. Te cagas. El final es, al menos, ambiguo, pues Jason, el protagonista, se ve obligado a regresar al siglo XX antes de poder asistir a la Resurrección.

En la segunda parte, Jason y su compañero Eliseo regresan el domingo bien entrado el día –tsk– y tenemos un poco de caracterización de los apóstoles, insistencia en que no entienden un carajo de lo que decía el ‘Jesús zen marciano’, y la especulación con que el “cuerpo glorioso” es un holograma. También irrumpe la familia de Jesús, con sus ocho hermanos y la no tan virgen María, etc.

Dejé de leer a la mitad del tomo tres, de nueve. Un coñazo, porque promete sorpresas y sólo da ovnis y rollo zen chungo, se contradice por ser tan torpe de no saber usar el viaje en el tiempo –y mira que es fácil– y la documentación, exhaustiva en la dos primeras partes, se va diluyendo en enredos políticos romanos que no vienen a cuento y además se sueltan de golpe, sin anestesia ni mierda, en disgresiones de varias páginas que no aportan un peo.

El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago (1991)

Visión amable y pacifista desde la perpspectiva del agnosticismo militante y el humanismo comunista que nace, a qué negarlo, de la ética cristiana. Un Jesús convertido en héroe de los humildes y rebelde contra el Padre que hereda la oposición a Roma y a la religión del mismísimo San José, protagonista del primer tercio de la novela y que será crucificado por error.

José Saramago no necesita mucha presentación. Baste decir que en El Evangelio según Jesucristo utiliza su estilo tradicional y bien conocido de narrador básico pero complejo, esa voz de novela río que fluye obviando los signos de puntuación para recordar la que se emitía en los fuegos nocturnos que reunían a la tribu. La evidente simpatía por el Nazareno que compone permite que gran pare de la novela se nos filtre a través del punto de vista de éste.

El comienzo tiene un evidente ánimo provocador aunque está narrado con el estilo ausente de estridencias habitual en Saramago: José y María hacen el amor y ella queda embarazada. A partir de ahí arrancan los sucesos extraños que apuntan a una extraña importancia del primogénito de la pareja, que acaba teniendo hasta ocho hijos más. Con todos aún niños, José se ve envuelto en una revuelta contra los romanos y acaba crucificado, obligando con ello a la familia a sobrevivir por sus propios medios.

Este Jesús huérfano tempranero inicia entonces un camino de madurez que incluye ser carpintero, pastor a las órdenes de el Otro -periodo que finaliza tras rendirse a Jehováh aceptando sacrificar una de sus ovejas perdidas- y anacoreta, además de unos 40 días en el desierto que lo son en realidad en una barca en pleno Jordán rodeado de niebla y debatiendo con Dios -que tiene el aspecto de un judío rico- y el Otro -que tiene la misma cara, pero sin barba blanca-.

El cambio llega cuando se encuentra con la Magdalena, una mujer veinte años mayor que él, y lo desvirga en una escena más incómoda que erótica. A partir de ahí, llegará el encuentro con el Bautista y la recluta de los discípulos, entre los que Judas destaca como el más aventajado. Las bodas de Caná son las de una de las hermanas de Jesús, en la que acude estando peleado con su madre, a la que desaira claramente al tratar a la Magdalena, una cortesana, mejor que a ella.

En los 40 días en el desierto del Jordán destacan varias páginas en las que Dios le explica a Jesús que mezcló su esencia con la de José y también que tiene previsto que de él nazca una nueva religión. Jesús le pide que le diga cuanta gente más aparte de él mismo morirá en virtud de ese plan y Saramago nos enumera, directamente, el santoral, por las bravas, cada santo con su particular martirio explicado a juego.

De nuevo, la entrega a los romanos es un pacto con Judas que llega en los últimos pasajes de la novela, de manera un tanto precipitada, y que tiene su culminación cuando levanta la vista y ve a Dios, con su aspecto de judío adinerado, observándole desde el cielo. Entonces Jesús murmura una petición de perdón a la inversa, rogando a los hombres que perdonen a la deidad, porque él si que sabe lo que hace.

En directo del Gólgota, de Gore Vidal (1992)

Gamberrada excelsa del temible Gore Vidal, está novela esta a medio camino entre la sátira y la ciencia-ficción, y arranca con San Timoteo presumiendo de como su formidable aparato estuvo a punto de causar el primer cisma en la Iglesia primitiva cuando los más apegados a la norma judía obligaron a que se circuncidase, él, que era seguidor de San Pablo y, por tanto, gentil.

Un San Pablo, además, retratado como un auténtico vendedor de coches usados, que para promocionar la religión católica se sube a las mesas, canta y hace malabares. Y una ‘nueva religión’ que triunfa entre las élites romanas de la época de Nerón como una especie de filosofía new age, una moda comparable a la de las conversiones al budismo que proliferaban en Hollywood en la época en que Vidal escribió la novela.

Gore Vidal es novelista, ensayista, guionista de cine, actor, dramaturgo, activista político y por los derechos de los homosexuales. Miembro de la llamada ‘nobleza’ de los EEUU, perteneciente a una familia de recia raigambre en el Partido Demócrata -es primo de Al Gore-, Vidal siempre se ha distinguido por ser un crítico feroz e insobornable de la política exterior de su país. Es ateo y un pacifista militante. Como novelista, ha tocado todos los géneros, aunque se ha distinguido sobre todo en el histórico, con obras como La Edad de Oro o Juliano, el Apóstata.

En directo del Gólgota es una sátira de una enorme mala baba en la que el descubrimiento de la máquina del tiempo es utilizado por una gran cadena estadounidense para intentar retransmitir en directo los últimos días de Jesucristo. El problema es que la máquina no es muy fiable y la documentación de los hechos tampoco, así que tienen que recurrir puntualmente a Timoteo, como personaje histórico acotado en el tiempo, para que escriba un Evangelio escrupulosamente histórico que pueda servirles de guía.

Al mismo tiempo, un hacker cuya identidad forma parte del misterio de la novela intenta borrar todo rastro de la historia oficial de Jesús, por lo que el escrito de San Timoteo puede ser el único testimonio que quede para reconstruir el cristianismo. La solución a todo esto es desternillante y llegará mediante la adquisición de la cadena, de confesión mormona, por parte de una multinacional japonesa.

Lo cierto es que, excepto al final, la vida de Jesús de Nazaret se escamotea bastante, y en lugar de eso asistimos a las correrías de Pablo y Timoteo por el Imperio del siglo I, aparte de una colección de escenas surrealistas de interacción de famosos -o parodias de famosos- de los EEUU del momento de la novela con personajes históricos de la Roma de la época.

Vidal vuelca sus conocimientos de Historia en la novela, a pesar del evidente propósito humorístico, para retratar con bastante exactitud el ambiente de la primera Iglesia cristiana, bromas sobre homosexualidad aparte. Y, cuando por fin toca que veamos a Jesús, este es retratado de manera bastante inmisericorde como lo que, para Vidal, probablemente fue: un judío ultraortodoxo de delirios apocalípticos. De hecho, para camuflarse en nuestra época Jesús se refugia en Israel y es favorable a una guerra santa contra Irak.

En EEUU, huelga decirlo, fue bastante polémica, aunque menos de lo que podría esperarse debido a que Vidal es polémico de por sí, y estas cosas como que se las esperan. En España pasó más de puntillas, aunque llegó relativamente rápido. Pequeña y accesible, es una de esas novelas que se lee del tirón, aunque puede resultar ofensiva para creyentes sensibles. Que, por otro lado, también se ofenderían con esta serie de artículos en particular, así que lo más probable es que no estén leyendo.

El evangelio según el hijo, de Norman Mailer (1997)

Jesús, en primera persona, narra la verdad sobre su vida decepcionado por las versiones escritas por su seguidores, filtrando todos los hechos de los Evangelios a través de su punto de vista a posteriori, en un estado que no se nos aclara exactamente pero que parece ser posterior a la Resurección. 

Norman Mailer, periodista político y deportivo, escritor, renovador del ‘Nuevo Periodismo’, en la línea de Tom Wolfe o Truman Capote, es uno de esos intelectuales judíos agnósticos que constituyen lo más parecido a una intelligentsia de izquierdas que ha tenido Estados Unidos. Más relevante en ocasiones por sus actuaciones como figura pública -desde escándalos durante sus múltiples divorcios al activismo contra la pena de muerte que llevó al indulto de un tipo que volvió a matar una vez libre- que por su trabajo como escritor, lo cierto es que a su muerte en 2007 dejó tras de sí un buen puñado de reportajes y novelas considerados como obras maestras.

Lo cierto es que a pesar de lo que pueda parecer por la sinopsis, el texto está muy apegado a la narración canónica de los Evangelios, y si acaso contradice las motivaciones de Jesús o las matiza. Los episodios añadidos contribuyen a humanizar al personaje, describiéndonos su niñez como muchas más ingenua de lo que la pintan o explicando su experiencia como carpintero en términos casi místicos.

Llaman la atención los episodios en los que Jesús no está seguro de si podrá llevar a cabo un milagro o, por ejemplo durante la resurrección de Lázaro, se pregunta si ha hecho bien al realizarlos. Por lo demás, aunque en consonancia con las ideas de Mailer, se subrayan pasajes como el del camello y el ojo de la aguja o la expulsión de los mercaderes del templo.

La Puerta de la Misericordia, de Tomas de Mattos (2002)

Novelización canónica, que he preferido a otras por ser más reciente y de un autor hispanoparlante, respetuosa hasta el extremo y jugando con los puntos de vista para recrear a un Jesús carismático y superpoderoso con un elenco de secundarios más bien predecible pero que se salva por usar el punto de vista de un secundario, el fariseo Nicodemo, para narrar desde la perspectiva de un judío religioso excéptico todo cuanto ocurre.

Tomás de Mattos es una abogado y escritor de novela histórica uruguayo que apenas llega a la decena de novelas a pesar de peinar canas tiempo ha. En su país ha recibido varios premios por la novelización de las vidas de dos figuras históricas del XIX en Uruguay: Bernabé Rivera y José Pedro Varela. La puerta de Misericordia ha sido su novela más conocida en nuestro país, prácticamente la única que es posible encontrar en librerías españolas. De todos los autores de esta pequeña antología es el único católico declarado y practicante.

Además, en sus declaraciones sobre el libro, De Mattos se revela como un lector de sus antecesores en la novelización de la vida de Jesús de Nazaret cuando explica que quiso escribir la visión de un creyente, en contraposición a los tratamientos más centrados en la faceta humana del Mesías. Así, el quid de la novela, a ojos de Nicodemo, trasunto evidente del autor, es saber hasta que punto es consciente Jesús de su propia divinidad y lo que ello implica. Temáticamente, hablamos de La última tentación de Cristo escrita desde la ortodoxia cristiana.

Así, acompañamos al escéptico Nicodemo desde su primer contacto con Jesús y sus seguidores, siendo uno de los hombres doctos que trata de ponerlo a prueba, hasta que finalmente es encarcelado por el mismo Sanedrín del que formaba parte acusado de ser seguidor del Nazareno, cuya Resurección no llega a conocer. El lector recibe información al mismo tiempo que el narrador, de manera que la vida de Jesús arranca in media res y los episodios de su niñez le son referidos por María a media novela.

Narrada con oficio, pero previsible, La puerta de la Misericordia expande el pequeño universo evangélico agregando algo de caracterización a los personajes secundarios, por decirlo así. Aparte de conocer a la familia de Nicodemo -extraída de la tradición, todo hay que decirlo-, vemos a Mateo como el ‘hombre culto’ de los apóstoles, el único capaz de apreciar la cultura griega, y a María, hermana de Lázaro, como una pareja potencial de Jesús vedada por la misión de éste, que lo obliga al celibato.

Trilogía del Cristo clonado, de James BeauSeigneur (2003-2004)

Una investigación sobre la autenticidad de la Sábana Santa descubre que quedan restos de células en la misma y decide utilizarlas para clonar al mismísimo Jesús de Nazaret. Mientras el pequeño Christopher crece y se hace mayor, se van cumpliendo algunas de las previsiones del Apocalipsis de San Juan, con acontecimientos tan edificantes como guerras atómicas entre India y Pakistán y una ONU totalitaria que funciona como una especie de Gobierno mundial. Además de un meteorito que viene hacia la Tierra. Y que Christopher a lo mejor no es tan bueno como parece. Así, sin despeinarse.

James BeauSeigneur fue congresista de los EEUU por el partido republicano, relacionado con las Administraciones Reagan y Bush Sr., además de analista de la Agencia de Seguridad Nacional. Es un cristiano fundamentalista, ni siquiera un born again como Mel Gibson, cuyas juergas pasadas casi hacen que te caiga simpático, sino un metodista de cuna. El tono de la novela juega a la objetividad, pero el desenlace en la tercera parte le quita la careta, si es que quedaba algo de ella a esas alturas.

La Trilogía del Cristo clonado es una serie de tres novelas de estas de aeropuerto, escritas con mucha grandilocuencia y poco cabeza, dedicada a predecir un futuro Apocalipsis basado en la clonación humana, el ateismo, la homosexualidad y la liberación de la mujer. Más o menos. Los dos libros empiezan narrando lo que es, básicamente, el ascenso del Anticristo, que es Christopher, el clon de Jesús, y como vende un mensaje de buen rollito y anticristiano que es el origen de todo mal. Entre medias, los países se bombardean y mueren porrones de personas, aunque al final los buenos ganan.

En 2006, durante la promoción española de su trilogía, BeauSeigneur se descolgó con estas epatantes declaraciones: “Es muy importante que el lector sepa que no todo sale de mi imaginación. Si creemos en la Biblia, y muchos millones de personas lo hacen, tenemos que creer en lo que narra. Y el Apocalipsis es una parte. Yo sólo lo he descrito”.

Esta ficción con Jesús como personaje y delirios apocalípticos es una radiografía mucho más efectiva -y burda- que La Pasión del bueno de Mel, que al fin y al cabo estaba técnicamente bien realizada. Además del empeño en traducir en eventos reales y científicamente demostrables la simbología del Apocalipsis de San Juan, está toda la paranoia típica de los conservadores norteamericanos contra, en fin, árabes, rusos, mujeres, homosexuales y gente no blanca en general, regalándole a la ONU y a Francia unos papeles de supervillanos orwellianos ciertamente risibles.

Es un tocho tremendo que sólo recomiendo al que tenga muchas ganas de partirse la caja. Las intrigas políticas y la pseudociencia tienen su gracia, también, aunque está todo muy sobreescrito y se pasa de grandilocuente.

Continuará…
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Acerca de Advenedizo

Periodista de un importante diario metropolitano, escritor de fanfictions, extremista político, coleccionista de amenazas de demanda y buen tío en general.

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Esta entrada fue publicada en 5 abril, 2012 por en Uncategorized y etiquetada con , , .
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