Continuará…

Zombies con enaguas

Zombies con enaguasEs una verdad universalmente reconocida que un zombi en posesión de cerebros debe, necesariamente, poseer más cerebros”. Hace tan sólo una década hubiera resultado imposible leer esta frase, cuyas alusiones todos los conocedores de la literatura inglesa del siglo XVIII en adelante deben haber reconocido ya. Y, argumentarán algunos, si tal vez en los terrenos más o menos flexibles del fanfiction, del que no hablaremos ahora, tal vez hubiera sido posible, jamás hubiéramos podido encontrarla en papel impreso.

Y, sin embargo, esta frase abre uno de los best-sellers más sonados de la temporada literaria de 2009, en el original (por llamarlo de alguna manera) inglés, Pride and prejudice and zombies. Sí, efectivamente. Orgullo, prejuicio y zombies, publicado por Quirk Classics, rama de Quirk Books de la que hablaremos más adelante. Su título no deja lugar a dudas. Efectivamente, trata de lo que trata, y la historia es la de siempre, con un pequeño detalle que difiere del original de Jane Austen: Elizabeth Bennet sigue siendo la segunda de las cinco hermanas Bennet, y el señor Darcy, que siempre tendrá el rostro de Colin Firth, de nuevo se cruza en su camino, y romance ensues. Sin embargo, tanto la apacible Netherfield como la impresionante Pemberley están aquejadas de una molesta e incómoda plaga (especialmente cuando se trata de romance): de un tiempo a esta parte, y sin explicación aparente, los muertos han adquirido la irritante costumbre de alzarse de sus tumbas.

El autor-perpetrador de esta adaptación aberrante, que no incómoda, es Seth Grahame-Smith (aunque debemos aclarar que, tal vez por deferencia, Jane Austen aparece como coautora en la portada). El resultado es divertido, sobre todo al principio, en el que la sorpresa y el shock producido por esos dos elementos tan opuestos lleva a la risa o, al menos, a esbozar una sonrisa cómplice. Una no puede dejar de imaginarse a la propia Jane Austen revolviéndose en su tumba, deseosa tal vez de levantarse y clamar venganza sobre el tal Grahame. Las bromas están bien traídas y la trama gore bien integrada dentro del archiconocido argumento clásico. Sin embargo, al cabo de pocas páginas la cosa pierde fuelle y queda sólo en eso, en una broma de más o menos mal gusto, pero divertida y nunca malintencionada. Ni siquiera la inclusión de ninjas contribuye a animar la función, aunque no me hubiera importado leer esas peleas a patadas voladoras entre Lizzy Bennet y la temible Lady Catherine de Bourgh en el original.

Ese gran precursor de la ciencia ficción que fue Tolstoi…

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Ahora bien, la broma no acaba aquí. Muy poco después del clamoroso éxito de PPZ, un nuevo remix de sangre y corsés agitó las librerías, en el mismo sello editorial: Sense and sensibility and sea monsters (cuyo título resulta infinitamente más apropiado, dada la aliteración, en inglés). En esta ocasión quien firmaba, de nuevo tomando el nombre de Jane Austen en vano, era un tal Ben Winters, que trasladó el argumento de las hermanas Dashwood a un archipiélago rodeado, claro, de monstruos marinos. Algo menos afortunado que el primer intento, e incluso menos sangriento, no fue tampoco el último. Poco después apareció Android Karenina, que, sinceramente, aún no hemos tenido fuerzas suficientes para abordar.

Continuando con Jane Austen, es bien cierto que la austera escritora británica ha sido objeto de numerosas adaptaciones, muchas de ellas cinematográficas, y el contexto no ha sido siempre respetado. Podemos encontrar versiones ubicadas en el siglo XX, una fantasía bollywood bastante divertida y ¿qué es Bridget Jones sino una reescritura facilona de las andanzas de Elizabeth Bennet? Incluso circula por ahí en Internet un corto que remezcla este argumento con el de El club de la lucha, con un resultado hilarante. En otra ocasión las abordaremos todas, e incluso las literarias, las que continúan narrando la vida matrimonial de la pareja Darcy, de sus amigos, de sus vecinos, de todos aquellos con los que en alguna ocasión cruzaron palabra. Sin embargo, el fenómeno zombificador supone, en cierto sentido, ir más allá.

Veamos, en primer lugar los zombies están de moda. El éxito de la inconclusa The walking dead tanto en cómic como en serie así lo demuestra. El porqué es otra cuestión. Tal vez la más que evidente metáfora de la sociedad que convierte en muertos vivientes a las personas, estáticos frente a una pantalla, sumergidos en nuestros guasap y anulados política y socialmente no sea la única explicación. Existe un libro interesante dedicado a desentrañar la razón secreta que se esconde tras las cambiantes modas que hacen que, en determinadas épocas, determinados monstruos estén de moda. Por ejemplo, señala que la época de la caza de brujas de McCarthy provocó un repunte de las historias de ciencia ficción, plagadas de especies invasoras procedentes de lugares lejanos e invasores de cuerpos. Asimismo, el repunte de los vampiros coincidió con el estallido del sida en EE UU. Sería interesante comprobar qué opina sobre los zombis, y qué dice eso de nosotros.

Cuando se despertó, Gregor Samsa expulsó una bolita de pelo…

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Algo dice, sin duda, porque el éxito de PPZ ha sido arrollador. Tanto que ya se han publicado dos entregas más (Pride and prejudice and zombies: dreadfully ever after y Pride and prejudice and zombies: dawn of the dreadfuls, la inevitable precuela), ha salido una versión en cómic y se habla desde hace un par de años de la película, de la que se decía que sería protagonizada por Natalie Portman. Quirk Classics continúa con sus costumbres (ahí está The Meowmorphosis, de Kafka y un tal Coleridge Cook). Y, puestos a destrozar mitos, Grahame-Smith es también el responsable de la novela Abraham Lincoln Cazavampiros, que promete convertirse en una divertidísima (y sangrienta) película el año que viene. Por supuesto, uno de los productores es Tim Burton.

A falta de otro nombre, se me ocurre para estas reescrituras paródicas la etiqueta de literatura kitsch o literatura de pastiche (términos que la RAE define como “referido a un objeto artístico, considerado de mal gusto”, y algo de eso hay, e “imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente”). Ninguno de ellos abarca la intención exacta, pero a falta de otros servirán. Sin embargo, ni siquiera el término “literatura” es suficiente para abarcar estas prácticas. Ya hemos hablado de las películas que se preparan. Además, tanto Abraham Lincoln comoMonstruos Marinos se promocionaron, en su versión libro, por el muy cinematográfico método del trailer.

La pregunta verdaderamente interesante es: ¿a quién están dirigidos estos libros? A primera vista, parece que se da una paradoja: alguien que no conociera los argumentos y las obras originales se perdería la gran parte de los chistes y probablemente no tendría interés en el argumento no-gore. Sin embargo, lo más probable es que estas versiones apenas resultaran disfrutables para los conocedores de las obras, y alguien que combine esos dos gustos, el de la literatura clásica y el de la reescritura paródica, es rara avis. Y, sin embargo, ahí está el éxito de estos libros, que demuestra que hay algo más. ¿Estamos ante una desacralización de lo clásico ante la cual la gente responde con entusiasmo? ¿Se trata ésta de una especie de elogio del desconocimiento? Del mismo Grahame-Smith se dice, evidentemente de broma, que “una vez asistió a una clase de literatura inglesa” en la contraportada del primer libro. El tono humorístico es más que evidente y, sin embargo, una especie de alarmante elogio de la ignorancia podría interpretarse como significado oculto de esas palabras. ¿Puede ser que, en la era de wikipedia y twitter, para “saber sobre algo” baste con saber que existe? ¿O es que, sencillamente, los muertos vivientes son uno de los grandes símbolos descarnados de nuestra era, y este tipo de fusiones son inevitables? No tengo ninguna de las respuestas a estas preguntas, pero me temo que un interés casi morboso me impedirá vencer a la tentación de curiosear de aquí a unos meses en Quirk Classics, a ver qué tienen de nuevo. Tristemente o no, estos disparatados libros son adictivos.

Continuará…

 

                                                                                                Cpt. Flint Baker.

                                                                                           cpt.flint.baker@gmail.com

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