Continuará…

Rey de Reyes del POP (IV): Series y tebeos

TELEVISIÓN

Sólo dos miniseries, una muy célebre y otra no tanto pero que ofrece un par de detalles interesantes. Curiosamente, ambas coproducciones italianas. No me he ocupado de todas las apariciones en series tipoÉrase una vez… o similares. Y me duele dejar fuera María, madre de Cristo, en la que Nancho Novo interpretaba a José.

Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli (1977)

Otro italiano, y van… Zeffirelli rodó esta miniserie, de las más aclamadas, casi acto seguido de Hermano Sol, Hermana Luna, su biopic sobre Francisco de Asís, auténtica obra maestra del cine sacro y no sacro, que cumple con todas las condiciones ineludibles del género manteniendo la calidad artística intacta, cosa que muchos consideraríamos imposible si no fuese por él.

Con estrellas internacionales en papeles secundarios, como marca la tradición, de tal manera que Anthony Quinn encarnó a Caifás, Christopher Plummer a un Herodes Antipas completamente histérico y Peter Ustinov a Herodes el Grande. Robert Powell es Jesús y Anne Bancroft una Magdalena bastante cínica y con unos ojazos que a la mínima te distraen del argumento, y eso que ya tenía su edad. Claudia Cardinale aparece como “la adúltera”, en división de funciones, y el mismísimo Ernest Borgnine interpreta al centurión Longino, mientras te pasas cada segundo que aparece en pantalla deseando que grite, en castellano con acentro gringo, “¡Era su novia!”. James Mason, siempre enorme, es José de Arimatea, Lawrence Olivier es Nicodemo, Fernando Rey –sí, ese Fernando Rey– es Gaspar y James Earl Jones –sí, ese James Earl Jones- es Baltasar. ¿Sigo? No, por favor, consultad la imdb. Y ponedla a descargar o buscad el DVD. Cualquier videoclub que lo tenga merece sobrevivir, haceos socios.

Jesucristo tiene una mirada meláncolica ciertamente cargante, pero al mismo tiempo se muestra carismático y seguro de sí mismo cuando toca. Entre las mejores escenas, para mi gusto, está la de la parábola del hijo pródigo. Jesús acude a cenar a la casa de Mateo Leví, antes de reclutarlo como apostol. Mateo es recaudador de impuestos, luego un doble traidor, tanto político como religioso, y el resto de seguidores del rabino se niegan a comer con él por servir a los romanos y ser impuro como judío. La cena es un fiestorro de órdago con bailarinas jamonas, y Andrés, Juan y Santiago acuden encontrándose cual opusino en el botellón, mientras Pedro se queda en la puerta poniendo mala cara. Jesús cuenta entonces la susodicha parábola y narra la parte del hijo mayor mirando directamente a Pedro, esto es, a la cámara, es decir, al espectador. No es la primera ni la última vez que el discurso del Maestro nos es dirigido directamente por Zeffirelli, que ya hizo lo mismo en la muy superior –por más corta y contenida– Hermano Sol, Hermana Luna, con las idas de olla de San Francisco de Asís, el Doctor Dolittle del santoral cristiano.

A destacar la relación entre Herodes Antipas y Juan el Bautista –retratado como un auténtico iluminado medio loco– y como se aprovecha el espacio que concede la serie para ir presentando y caracterizando a los apóstoles uno a uno. Incluso se molestan en explicar que todos estaban casados y los problemas derivados de darse a una vida errabunda de predicadores. Roza lo magistral la escena en la que Mateo le advierte a Pedro que no se haga ilusiones: sus vidas no volverán a ser las mismas, nunca volverá a pescar, ni emborracharse, va a dejar tirados a su mujer y a sus hijos y no regresará nunca a Cafarnaún por seguir a Jesús.

Ya puestos, el estreñimiento que consigue rozar la genialidad de Zeffirelli se deja ver en escenas como la danza de Salomé. Empieza con Juan desgañitándose como un auténtico energúmeno desde su celda, de tal manera que Herodes lo oye perfectamente en mitad de un sarao de la leche que tiene en su salón del trono. Ahí entra Herodías, incitando a su hija al citado contoneo erótico y tal. Apenas la vemos moverse –tsk–, pero se compensa con el juego de miradas –Herodes mira a Salomé, Salomé mira a Herodías, Herodías mira a Herodes–. Plummer, desatado, compone un rey completamente desquiciado y decadente, de un débil, en todos los sentidos, que espanta.

¿Qué puede decirse? De las que ponen en las catequesis, no se puede negar que del abundante mundillo de las miniseries es la mejor hecha, con actuaciones de primera línea y una ambientación impecable. La interpretación del mensaje es un poco cargante, pero se molesta en darle personalidades diferenciadas a todos los apóstoles –y no sólo a Judas y Pedro, como pasa siempre– y tiene ritmo. Aún así, y con todo lo dicho, no me entusiasma particularmente, excepto los ya mencionados ojos de Mrs. Robinson, que por cierto, incluso rodeados de unas muy dignas arrugas y un precioso pelo blanco, siempre siguió conservando.

Jesús, de Rogert Young (1999)

Coproducción italoamericana, como no podía ser de otro modo, la destaco entre otras muchas por tres detalles curiosos: la representación que hace del Diablo, los actores que encarnan a Pilatos y su séquito y el empeño en exculpar al Sanedrín y los judíos en general de la condena de Jesús. Si no fuese por ellos, probablemente resultaría igual de anodina que otras muchas producciones de este tipo que escupen tanto Estados Unidos como Italia a intervalos regulares.

El Maligno se presenta a Jesús durante sus 40 días en el desierto, que en esta miniserie son 40 días de vacaciones de setas, prácticamente. Y lo hace con dos caras, por un lado un señor con traje oscuro, corbata roja y verborrea de telepredicador, y por otro, como una chica ya de rojo completamente, con un velo que se dedica a ondear al viento mientras susurra “Jesús, Jesús”. La primera vez que los ves, hasta te parecen ingeniosos, sobre todo porque durante las tentaciones, la versión enchaquetada le presenta imágenes de guerras y pobrezas actuales y ‘de verdad’ y le insiste: “¿Merece la pena sacrificarse por ellos si van a acabar así de todos modos?”.

Del reparto destaca que Pilatos es Gary Oldman. En ese sentido se cumple una vieja máxima del cine de superhéroes: el mejor actor del reparto es siempre el villano. A Jesús lo interpreta Jeremy Sisto, un actor de televisión norteamericano que ha sido recurrente en Ley y Orden; a la Magdalena, Debra Messing, que muchos reconocerán como Grace de Will&Grace, y G.W.Bailey, el sargento malas pulgas de Loca Academia de Polícia, al ayudante de Poncio Pilatos.

La serie -emitida en ocasiones del tirón, un poquito más de tres horitas de nada, como película para televisión- intenta mostrar a un Jesús más ‘humano’, que ríe, llora, baila y hace bromas, aunque la mayoría de las veces queda bastante forzado. Añade al personaje interpretado por Bailey, ‘Philo’, como un romano intrigante que decide acabar con Jesús para asegurar una ausencia de rebelión por parte de los judíos de manera bastante retorcida.

De hecho, la ejecución de Jesús, retratado como un auténtico grandullón buenazo, se explica como una conspiración de Pilatos y su camarilla para dejar mal al Sanedrín. Caifás y compañía aparecen como unos líderes angustiados ante la amenaza romana, que pretende acabar con la poca soberanía que les queda con cualquier excusa, y que presenta a Jesús y sus seguidores como víctimas propiciatorias: se mensaje es tan evidentemente subversivo que si el Sanedrín no accede a aparecer como sus denunciantes, Roma los utilizará de pretexto. Así, cuando Jesús proclama el célebre “porque no saben lo que hacen”, Philo sonríe murmura “Sí que lo sabemos”, mientras los fariseos presentes bajan la cabeza, resignados.

Un tono exculpatorio de ‘los judíos’ muy raramente visto en producciones de una canonicidad como la de esta y que no hay que considerar inocente, primero por lo que se remarca, segundo porque es una disrrupción evidente. E históricamente tan insostenible como otras versiones, ya que estamos, aunque menos por lo malos que fuesen los del Sanedrín como por lo mal que se refleja cómo funcionaba este tanto en los Evangelios como en las adaptaciones.

TEBEOS

He omitido los tropecientos tebeos ejemplarizantes que a todos nos han pasado por las manos reproduciendo viñeta por viñeta pasajes bíblicos, aparte de propaganda de evangélicos, testigos de Jehová, católicos y demás ralea meapilas. La selección es variada e iconoclasta, más que un vistazo a herejías elaboradas como han sido las secciones anteriores.

Me he llegado a plantear incluir el Génesis de Robert Crumb, ya que una de las adaptaciones de la terna también excede con mucho el Nuevo Testamento, pero realmente el problema es que semejante tochaco recoge sólo eso, el Génesis, así que Jesús no aparece ni siquiera como posibilidad estadística.

¡Jesús bendito!, de Tronchet (1993)

Recopilación de chistes a costa de un Jesús bastante más gamberro que el bíblico, que se dedica a comercializar panes multiplicados y a convertir en vino cualquier líquido que se le ponga por delante, en un contexto más actual que bíblico, aunque sin renunciar a nada.

Dieter Vasseur, alias Tronchet, es un dibujante humorístico francés conocido fuera de su país casi exclusivamente por estas tiras y la polémica que acarrearon, aunque en España ha tenido su público gracias a colaborar en la última etapa de la desaparecida revista El Víbora. Hace unos años vivió a caballo entre Ecuador y Francia y tambien ha dirigido alguna película.

Realmente no hay mucho más argumento en sus tiras que una serie de gags bastante tontorrones, que con el tiempo han ganado algo de mala baba, agregando apariciones estelares de los Apóstoles, Judas y toda la parafernalia, y llegando a enfrentamientos directos entre un Jesús convencido de que su mensaje tiene que llegar a la gente de la manera más desenfadada posible y una jerarquía eclasiástica que no lo reconoce como su Señor.

Por otra parte en la segunda recopilación publicada hasta el momento en España –¡Jesús vuelve!-, Dios se convierte en abuelo cuando Jesús y la Magdalena traen al mundo a Jesús Junior, que se convierte en el nuevo Mesías. En ese tomo Tronchet procura hacer historietas más largas y darle un argumento de fondo, aunque la resolución no sea nunca especialmente original.

El Jesús que se refleja en las tiras es un poco miserable pero perfectamente identificable como un paisano gabacho más, de los más campechanos posibles. Sus ideas para remodelar las misas y que acuda más público -que la limosna la pidan tías buenas en tanga, por ejemplo- o de reparto de justicia social le acarrearán algún problemilla.

Parece que el autor ha sido amenazado por varios grupos integristas cristianos en más de una ocasión a causa de estos chistes que realmente no son para tanto -humor francés, ya se sabe-. Dice la leyenda entre los aficionados españoles que este señor se inspiró en la sección de El Jueves “¡Dios mío!”, obra de José Luis Martín que reproduce las jocosas aventuras del mismísimo Creador, que tiene sus más y sus menos para gestionar cielo y tierra.

The Godissey, de Rob Liefeld (1996)

Lo vais a flipar. 

Rob Liefeld es… es… un tipo difícil de definir. Dibujante norteamericano estrella de calidad… er… discutible, triunfó en el panorama de los superhéroes pese a no tener ni idea de proporciones, perspectivas, etc. Escribiendo es, si cabe, aún peor que dibujando, pero tiene una cohorte de fans importante que durante los noventa consiguió que le prestasen para jugar algunos de los personajes más importantes de la Marvel, como el Capitán América. El individuo llegó a fundar incluso su propio sello editorial (“Awesome!”, es decir, “¡Alucinante!”). Lo único que puedo decir a su favor es que le encanta a Alex de la Iglesia.

The Godyssey es una historieta corta y muy muy absurda, cuya profundidad histórica y su esfuerzo de documentación compiten con los de Xena: la princesa guerrera. Básicamente, la muerte de Cristo va a poner fin a la era de los viejos dioses, así que estos deciden vengarse y acuden al pie de la cruz no se sabe muy para qué. Retan a Jesús y se lían a guantazo limpio, triunfando finalmente Nuestro Señor por su superior dominio de las artes marciales. Y está escrito en serio. Si tenéis curiosidad, pinchad aquí.

The Godissey sólo tuvo un número, en realidad un especial de las series Avengelyne y Glory, ‘creaciones’ de Liefeld para la editorial Image, que fundase a principios de los 90 junto a un grupo de autores estrella de los superhéroes de entonces, para hacer exactamente lo mismo que hacían para Marvel y DC pero quedándose con más pasta. Liefeld se fue y regresó en varias ocasiones al invento mientras hacía sus inventos. Recientemente, aunque no se incluye en la selección porque no ha caido en mis garras, Zombie Jesus. Que no, que no es un cachondo como Tronchet. Que lo escribe todo en serio. Creedme.

La sicalíptica cosmología que implican estas mezclas sincréticas, con dioses “buenos” y dioses “malos” y el monoteísmo destruyendo de manera literal al panteón grecorromano, me recuerdan a los católicos cursilones que justifican las coincidencias del ciclo crítistico con Attis, Osiris, Dionisos o Mitra mediante la explicación de “lo hizo el Diablo para confundir a los creyentes” -como los fósiles introducidos en las piedras, claaaro-. Es curioso, ya que lo he mencionado antes, que sea la misma explicación que da Lucy Lawless -aka Lucy Sin Ley- en Los Simpsons cuando Xena hace de invitada: “Cada vez que vean algo incoherente, es que lo hizo un mago”.

Josué de Nazareth, de Patrick Cothias y Victor de la Fuente (1997-1998)

Intento de contextualización histórica y desmitificación, aunque con aires de provocación gratuita, que no pasó de los dos primeros tomos, por lo que nunca sabremos a donde exactamente iba a parar con su planteamiento. No está claro si la cancelación fue por la polémica o por la falta de ventas. El protagonista real de esta primera parte de la historia no es Jesús o Josué, que no llega a aparecer, si no el rey de Numidia, estado vasallo de Roma, de visita a su amigo Herodes en la Palestina del Siglo I.

Cothias es uno de esos escritores de la BD francesa “especializado” en aventuras históricas, que además se precia de documentarse exhaustivamente -es un decir, recuerden que es francés- y proponer atrevidas revisiones de los grandes misterios de la Historia, más que nada porque si no, no hay argumento ni épater le bougeois que suba ventas mediante publicidad engañosa. Víctor de la Fuente es un dibujante español que acabó ganándose las perras en Francia y sobre el que podéis ampliar información aquí.

Lo realmente cachondo del tema éste es la versión que proponen de la “inmaculada concepción”. Vamos, no lo dice claramente, pero lo repite tanto que es evidente que esa es la explicación. El rey numida se encuentra a María la Virgen, una adolescente de pueblo completamente ingenua, y se la lleva a palacio. Le dice que es un arcángel –un truco para ligar propio de Barney Stinson– y la convence de que se desnude, pero en el último minuto se da cuenta de que es un viejo rijoso y miserable, así que no la toca y simplemente le propone que se den un baño juntos. Porque él es así.

Pero lo mejor viene ahora. El pervertido del tipejo este se hace una pajilla mientras los dos están metidos en la piscina –fuera de campo, por suerte-, y la narración y él mismo rey se empeñan en repetirnos, no sólo en ese momento, sino en varias escenas más tarde, que el agua estaba A LA TEMPERATURA DEL CUERPO. La siguiente vez que veamos a María, ya tendrá un bombo de impresión.

¡Toma castaña! ¡Cómo el agua está a la misma temperatura que los cataplines del rey, los espermatozoides sobreviven y detectan el coño inmaculado a distancia con su GPS! ¡Igual que en las leyendas urbanas que cuentan las niñatas en el instituto! ¡Cuidado, que si te limpias en un servicio público con papel higiénico donde se haya corrido un tío a mala leche te puedes quedar embarazada!

Aparte de eso, Herodes el Grande está retratado de manera bastante positiva, cosa poco habitual. Pero también es que gana mucho comparado con el pervertido del protagonista, claro.

Chosen, de Mark Millar y Peter Gross (2004)

Jodie es un chaval de 13 años normal y corriente de una urbanización cualquiera de los Estados Unidos, que se mete con sus colegas en el bosque en busca de revistas porno y pasa el tiempo viendo la tele con su vecina. Hasta que un día sobrevive a que le caiga un camión encima y empiezan a pasar cosas raras a su alrededor que le hacen preguntarse, entre otras cosas, por qué sus padres duermen en habitaciones separadas.

Mark Millar, guionista escocés aferrado a la industria norteamericana, presume de ser uno de esos pocos a los que se les consiente cualquier cosa en el género de los superhéroes. Una de las cosas de las que le encanta presumir es de dar la vuelta de tuerca definitiva a la mayoría de los conceptos sobre los que pone sus zarpas, aunque es más una pose que otra cosa. Rara vez ha escrito una serie regular, pero ha regalado a los fans pequeñas barrabasadas como Kick-Assy obras aspirantes a maestras como The Ultimates.

Chosen es un historia corta, de apenas tres episodios, contada a medias entre el punto de vista de Jodie y el del párroco de su barrio, un cura borrachuzo y falto de fe que es incapaz de aceptar que la segunda venida de Cristo es ese chaval flacucho de su barrio, ni especialmente listo ni especialmente gamberro, simplemente anodino.

Este filtro superheroico de ramificaciones ochenteras reserva alguna sorpresa conforme avanza la trama, pero sobre todo es gamberro en un sentido amable. Es fácil que te caiga bien Jodie, que en un primer momento cree que la gran revelación sobre su identidad es que es un mutante como las que salen en sus tebeos de los X-Men.

Sin embargo, el devenir de los acontecimientos vuelven el relato más siniestro, y quizás realista, con la narración de Jodie desde el presente -ya con 33 años, y a punto de coger un vuelo para Israel- avisando del giro final de la historia. El diubujo de Peter Gross, realista pero sencillo, no acaba de cuajar para la atmósfera.

Más que transmitir una visión concreta de Jesús y sus implicaciones metafísicas, Millar juega a sorprender a los lectores al tiempo que adapta las revelaciones propias de la posible identidad del Mesías al género superheroico predominante en los EEUU y al que tan acostumbrado se encuentra el autor.

Las crónicas de Woordmood, de Garth Ennis y Jacen Burrows (2006)

Que es, básicamente, la historia de cómo el Anticristo decide que no tiene por qué someterse a los planes que su padre tiene para él y se rebela. Jesús sale, vaya que sí, como el mejor amigo del protagonista, un tipo superpacífico y superzen al que tampoco le hacen mucha gracia los manejos de su propio padre, Dios, cuyo retrato es el más escandaloso de toda la miniserie, me escandalizó hasta a mí por lo burdo y tontorrón del chiste.

Garth Ennis es uno de esos enfants terribles que se permite la industria norteamericana de vez en cuando. Sobre todo, les permiten de todo si son británicos, en el caso de Ennis norirlandés. No ha escrito nunca realmente superhéroes porque los odia, pero si cosas parecidas, como Punisher en sus dos versiones sostenibles: como un psicópata y tomado a cachondeo. Sus mejores obras las ha dado en los márgenes del género: Predicador o The Boys, por ejemplo.

Básicamente, Las crónicas de Woordmood reproduce con plantilla su historia de siempre: los que mandan son unos hijos de puta y no tenemos por qué obedecerlos. Lo cabrones que seamos con ellos por el camino está plenamente justificado. Es la misma base de su obra más célebre, Predicador, que no viene a cuento reseñar aquí y que si no conocéis, id a buscar, no sé por qué perdéis el tiempo leyéndome a mi. En fin, si según Ennis cuanto más mandas, más hijo de puta eres, ¿qué es Dios?

Jesús redivivo, Jay, es el mejor amigo de Woordmood, el Anticristo. Militante antiglobalización, un golpe de un antidisturbios lo deja parcialmente impedido, aunque tan positivo y buenazo como era en origen. En las escenas finales recupera la lucidez con un arrebato de desesperación ante lo que está pasando con la creación ciertamente dramático.

La miniserie la publicó la editorial Avatar Press, porque las dos grandes de EEUU, Marvel y DC, quieren que las estrellitas crien fama de gamberros pero no publicarles tebeos que realmente lo sean, sólo caca de la vaca con superhéroes. Ha tenido una segunda parte que aún no he podido leer, pero que intuyo un poco innecesaria.

The Manga Bible, de Siku (2007)

Que no es ni más ni menos que la adaptacion manga de los Evangelios, tal cual. Adaptación en el mismo sentido que hablamos de El Evangelio según San Mateo de Pasolini, sólo que aquí los recursos no son los del cine de los 60, sino los de la abigarrada narrativa del manga, con todo lo que ello implica.

Ajinbayo Akinsiku, Siku, es un dibujante y diseñador británico de origen nigeriano que ha colaborado durante años con la revista de cómics de ciencia-ficción 2000AD, trabajando con personajes como Juez Dredd. De un tiempo a esta parte se gana la vida sobre todo como diseñador para videojuegos. Siku es un católico ferviente que decidió adaptar la Biblia al estilo manga por entender que debía usar todos los medios a su alcance para difundir el mensaje de Jesús.

Realmente la obra de Siku abarca mucho más, la Biblia al completo, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, en un esfuerzo ímprobo de síntesis y actualización de los diálogos. No es, además, el único intento de algo parecido, en el mismo Japón por las mismas fechas, con autores nipones, comenzó la edición de otra Manga Bible en cinco tomos mucho más anondina.

Lo que salva la versión de Siku, a pesar de cierta tosquedad estilística, es precisamente ser realizada por un autor de cierta trayectoria en el medio, pero no japonés, y que ejecuta el ejercicio con un ánimo divulgador que pretende no descafeinar ninguno de los componentes: ni la narrativa exagerada propia del manga de aventuras ni la en ocasiones muy violenta y nada políticamente correcta Biblia.

En lo que se refiere a Jesús, la transmutación le otorga un aspecto de héroe de acción y actitud de líder carismático. Realmente lamentamos que no se dedique a repartir cates entre los romanos como parecen merecerlo. Así, cuando el Maestro de Galilea camina con sus discípulos por Palestina, lo hacen con el nervio y la energia de los héroes del shonen, pero mucho mejor rollito, donde va a parar.

Y cuando digo que Siku se dio la panzada de adaptar la Biblia entera, me refiero a entera, lo que implica las cartas de los apóstoles, que en el caso del cansino de San Pablo, incluye pasajes en los que sencillamente se lo ve dictándole la monserga de turno a un ayudante, con fenomenal diálogo explicativo rellenando el resto de la viñeta.

Continuará…
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Acerca de Advenedizo

Periodista de un importante diario metropolitano, escritor de fanfictions, extremista político, coleccionista de amenazas de demanda y buen tío en general.

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Esta entrada fue publicada en 7 abril, 2012 por en Uncategorized y etiquetada con , , , , .
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