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El Desafío: Robin Hood, de Ridley Scott


Robin Hood de Ridley Scott es BUENA. Pese a que el director de Blade Runner no se atrevió con la muy superior idea de Nottingham, narrando los hechos desde el punto de vista del sheriff –y con el muy sugestivolooping de que tanto éste como Robin fuesen la misma persona–, el Robin hiperrealista y parcialmente deconstruccionista al que da vida Russell Crowe es, con diferencia, la mejor plasmación del personaje en el cine desde Robin y Marian, de Richard Lester.

El hiperrealismo como corriente narrativa dominante de la actualidad merece otro artículo aparte con suficiente trabajo previo, pero dejémoslo en una definición operativa: es un realismo formal que intenta ser más auténtico que la realidad mezclando naturalismo y espectáculo. Es falso realismo, un naturalismo retórico, que oculta sus trucos con sangre, sexo y suciedad. Es como funcionan La trilogía de Bourne, The Wire, The Ultimates,Los pilares de la Tierra, Lost o Juego de Tronos. El hiperrealismo es fantasía que pretende convencerte de que no usa efectos especiales.

De Robin Hood, mito anglosajón universalizado por el cine del siglo XX, hemos tenido versiones para niños, versiones románticas, versiones High SchoolNottingham iba a ser la visión deconstruccionista pero, ojo, en realidad ya estaba hecha y se llamaba Robin y Marian, con un Sean Connery y una Audrey Hepburn perfectos por la leyenda que a ellos mismos los acompañaba ya entonces. En la de Scott hay un poco de deconstrucción y un poco de hiperrealismo. Lo primero existe, sobre todo, en el personaje principal. Lo segundo, en el falso historicismo del ambiente y en el guión.

El Robin Longstride –ojo, esto hubo un señor que lo tradujo como Trancos– de Scott es un soldado harto de la guerra, como los Héctor y Aquiles de Troya, aunque como es pobre, es un pícaro. Antes que nada, es un superviviente y un tipo duro de buen corazón, especialidad de Crowe, que hace de la contención su mejor baza, tanto en la batalla como en la burla. El giro de hacerlo noble y plebeyo al mismo tiempo con una suplantación de identidad, no es nuevo –estaba en Robin of Sherwood, serie británica de 1984–, pero funciona mejor que la versión pija y sin despeinar de Kevin Costner.

Es buena también por el hallazgo, probado por Scott en El reino de los cielos y que sólo han rozado producciones de alcance menos mayoritario, del desembarco de Normandía deSalvar al soldado Ryan versión medieval. Un falso naturalismo que funciona muy bien con los merry men y se va al retrete con Marian y los chicos de Sherwood. El historicismo se pierde más allá de retratar a Ricardo Corazón de León como el zumbado irresponsable que realmente fue y retratar la rebelión contra Juan sin Tierra como una pelea de los nobles por no pagar impuestos, en lugar los visos románticos del Robin original o Ivanhoe.

El reparto, por otra parte, es más que adecuado. Mark Addy clava a Fray Tuck, Max Von Sydow es un excelente Lord Loxley, Kevin Durand hace su personaje de siempre para completar un Little John macarra conforme al tono del filme, Mark Strong es que es así de mala gente aunque no actúe y rapta gatitos en su tiempo libre, que os voy a decir de William Hurt… Más arriesgados eran Crowe y Cate Blanchett en los papeles principales. A ella habrá que defenderla porque es perfecta para que Marian dé la sensación de ‘¿Qué hace una chica como tú en sitio como éste?’ que el guión pide. De él ya he hablado.

El Advenedizo

Robin Hood (Ridley Scott, 2010) es MALA porque… no, no es exactamente mala. Es decepcionante, mediocre e innecesaria, pero no mala. Primero, y sobre todo, no por lo que es, sino por lo que podría haber sido y jamás llegó a ser. Me refiero, por supuesto, al proyecto Nottingham. Para quien no lo conozca, Nottingham es el título no aprovechado de una magnífica idea que rondaba los estudios de Hollywood desde hacía años, sobre la que circulan dos versiones: la primera nos contaba la trillada historia del arquero de verde desde el punto de vista de otro personaje imprescindible: el Sheriff de Nottingham, que veía su apacible jurisdicción asediada por un peligroso, duro y oscuro Robin Hood. Para darle una vuelta de tuerca aún más interesante al asunto, Robin y el Sheriff hubieran estado interpretados por el mismo actor (recuperando el juego peterpanesco según el cual el actor que interpreta al padre de Wendy es siempre el mismo que interpreta al capitán Garfio). Yo hubiera visto esa película, que hubiera sido una reescritura postmoderna bastante interesante del mito. En la segunda versión el Sheriff, de nuevo protagonista, hubiera tenido un aire más detectivesco, investigando los crímenes de Robin, que en este caso hubiera sido la víctima inocente de una conspiración. También hubiera visto esta versión. Pero de ella sólo sobrevive en la aburrida versión de Scott el juego de intercambio de papeles Robin-Loxley, que es novedoso, pero no cumplió con las expectativas generadas por el proyecto.

En segundo lugar, Robin Hood es cargante porque responde de forma aburrida a la moda de presentar versiones “históricas” de los mitos de siempre. Pienso concretamente en la horrenda Rey Arturo que convertía al rey de Camelot, el inexpresivo Clive Owen, en un general romano y a Ginebra en una picta. Acepto el enfoque, a Merlín como druída-misterioso-guay y a los “caballeros”, pero no que me lo vendan como “la verdadera historia del rey Arturo”. Eso me molesta. Poco tiempo después, llega esta Robin Hood desprendiendo el mismo tufillo de “yo, ahora, te voy a contar LO QUE DE VERDAD PASÓ”, que no soporto. Defiendo y defenderé siempre las reescrituras, pero no me gusta que me tomen el pelo..

Mi principal problema se encuentra, sobre todo, en el reparto, desaprovechado o, directamente, erróneo (del que se salva, claro, Cate Blanchett, que es perfecta, haga lo que haga. Incluso en Elizabeth: La Edad de Oro, que es horror). Me da pena, por ejemplo, desaprovechar a Kevin Durand, que entonces estaba de moda, y que si no hubiera hecho Lobezno seguiría estándolo, como Little John. Pero, sobre todo, me da rabia Russell Crowe, que lleva años sin esforzarse y nos presenta a un Robin soso e indistinguible, de todo menos carismático. Pero, además, me suena… Es un soldado. Es un líder. Es honorable, tanto que le cuesta el destierro. Defensor de los débiles, buen tío en general, es… es… Un momento… ¡Es MÁXIMO!

Concretamente, MáximoDécimoMeridio,ComandantedelosEjércitosdelNorte,GeneraldelasLegionesFénix,lealservidordelauténticoemperadorMarcoAurelio,padredeunhijoasesinado,maridodeunamujerasesinada,yalcanzarémivenganzaenestavidaoenlaotra. Ese Máximo, sólo que un poquito menos cabreado.

 Finalmente, Robin Hood tiene un grave problema: el villano. ¿Alguien se acuerda del villano de Robin Hood? ¿No? ¿Pero conocéis al Sheriff de Nottingham, verdad? Pues eso. En lugar de utilizar a los malos clásicos de la leyenda, o darles una vuelta de tuerca, Scott se medio-inventa a un nuevo antagonista, de nombre Godfrey, soso hasta más no poder, a pesar de ser interpretado por el genial Mark Strong (al que hay que ser muy torpe para desaprovechar; al último plano de El topo me remito). Pero, sobre todo, y aprovecho para enviar un mensaje a futuros adaptadores: por favor, sé clásico o innova, pero no te quedes a medias. Si vas a cambiar al malo, mi premisa como espectadora es: sorpréndeme. Haz que sea… no sé. Little John. O Fray Tuck. O Lady Marian, eso me hubiera encantado. Pero, sobre todo, alguien que ME IMPORTE. En fin, de esta película me gustó el final (“Y así empieza la leyenda”): De repente, la historia anterior parece cobrar sentido, porque no estábamos viendo “Robin Hood”, sino “Robin Hood begins”. Ah, que era una precuela. Estupendo. Magnífico. Entonces sí. El problema es que nadie me avisó.

Cpt. Flint Baker


EL DESAFÍO es una nueva sección de Continuará… en la que, periódicamente, varios de nuestros redactores presentarán sus argumentos a favor y en contra de algún artefacto concreto de la cultura popular. Esperamos que toméis partido tanto en los comentarios como en las redes sociales.

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Esta entrada fue publicada en 24 mayo, 2012 por en El Desafío y etiquetada con , , .
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