Continuará…

El Desafío: La mejor película de Shyamalan

M. Night Shyamalan (Pondicherry, India, 1970). Director y guionista nacido en India pero criado en Pennsylvania, EEUU, tiene una nominación al Oscar por la película que le dio la fama, su tercer filme, The Sixth Sense (1999). Admirador convicto y confeso de Alfred Hitchcock, al que imita incluso en los cameos de sus filmes, su carrera ha sido una montaña rusa en cuanto a éxito de crítica o público (nos atrevemos a decir que en cuestiones creativas tiene unas pautas muy constantes y reconocibles) y genera tantos filias como fobias. Su último estreno fue la muy comercial y fuera de sus estándares The Last Airbender (2010) y ahora prepara con Will Smith After Earth. En Continuará… nos preguntamos cuál es su mejor película.

(Atención: Este artículo está lleno de spoilers. Spoilers gordísimos, de los de reventar las películas y quitarles toda la gracia).


The Sixth Sense (1999)

LA MEJOR PELÍCULA DE M. NIGHT SHYAMALAN ES… El sexto sentido.

Bruce Willis está muerto. Siento mucho haber reventado el final a aquellos que hayan vivido en un refugio nuclear o en la última tribu amazónica aislada durante esta última década (larga), pero es así y ése es, precisamente, el principal motivo por el que defiendo que El sexto sentido (1999) es la mejor película de Shyamalan. Es cierto que, una vez que la has visto, la historia pierde casi toda la gracia. El tipo era un fantasma y, cuando uno se sienta sabiéndolo, es imposible no ver las pistas que el indio, emulando a Pulgarcito, nos había ido dejando en el camino. De hecho, no quiero ni imaginar lo que tiene que ser pasar por la situación de los varones Whitmore viven noche tras noche en 50 primeras citas, fingiendo ver el film como si fuera la primera vez para no causarle un trauma a la adorable Drew Barrymore.

Dicho esto, mi respuesta es: sí, ¿y qué? Ninguna historia puede ser recibida como la primera vez más que una vez, la primera, y M. (Manoj Shyamalan, no la de 007) consiguió que el acercamiento a la suya fuese toda una experiencia para unos espectadores (los de finales de los 90) a los que ese giro de guión final les pilló desprevenidos.

Prueba de ello es el hecho de que la película haya supuesto un antes y un después en la historia del cine. El ‘Bruce Willis está muerto’ no es sólo un final, es el final; diría, incluso, que es un género en sí mismo, una categoría en la que colocamos todas aquellas ficciones que incluyen ese vuelco inconfundible que supone que el protagonista esté muerto (literal o metafóricamente) y sea el último en enterarse.

Sí, amigos, el personaje principal no se entera de que va su película hasta el final, momento en que caen en la cuenta con él la mayoría de los espectadores (sí, algunos sois muy listos y os disteis cuenta antes incluso de ver el tráiler). No es que todos seamos lerdos, es que nuestro colega M., aunque deja pistas, hace algunas trampas. Para empezar, frente al chaval de la cabeza destrozada por una escopeta, la actriz de la cara quemada o la niña de la gastritis perpetua, el Dr. Malcolm Crowe no tiene la más mínima muestra visible de haber sido tiroteado (la bala, aparentemente, salía por detrás, pero por algún sitio tendría que entrar, digo yo…).

El pequeño que en ocasiones ve muertos está aterrado cada vez que se encuentra con uno de ellos, pero con él parece que se lleva mal, así que, en principio, uno no se plantea esa opción. Y eso a pesar de los diálogos que, una vez conocido el desenlace, se parecen a Luciano Pavarotti en sus buenos tiempos, de lo que cantan. Que si dicen que tengo un don (¿un sexto sentido? No lo creo…), que si antes era un buen psicólogo, que si “supongo que no volveré a verle” (o similar)…. y el colmo de las sutilezas: “Sólo ven lo que quieren ver”. Todo muy evidente, cuando ya sabes de qué va la cosa, claro.

Aun así, no deja de ser interesante revisarla, descubriendo esas miguitas de pan que nos llevan al ‘Bruce Willis está muerto’. Que sí, que se ha vuelto un recurso bastante manido que no pasa desapercibido ni aunque se vista se camuflaje. La originalidad se quedó en el siglo XX (Amenábar llegó tarde y no pudo convencerlos de que su historia estaba escrita “más antes”. No importa, Los otros también mola, por razones distintas), pero el hecho de que hablemos de ese recurso como un ‘Bruce Willis está muerto’ me da la razón. El sexto sentido es la mejor película de Shyamalan porque hizo lo que otros no habían hecho, o de forma distinta, o con la suficiente originalidad como para convertir a este largo en una genialidad. Y eso que Bruce ahí sale limpito…

Penelope Cleese


Unbreakable (2000)

LA MEJOR PELÍCULA DE M. NIGHT SHYAMALAN ES…El protegido.

De acuerdo, he de admitir que me ha costado mucho decidir entre ésta y La joven del agua, por la que también siento una debilidad especial, y que en este Desafío analiza Drender. No es raro, ya que ambas comparten la característica que más me atrae hacia ellas: actualizan discursos y formas narrativas clásicas, y los sitúan en un contexto cotidiano, respetando todos sus mitemas con precisión matemática. Aquélla se centra en los cuentos infantiles (aludiendo a un supuesto mito asiático) y ésta, de la que me ocupo, en el género del cómic.

¿Por dónde empezar? El protegido me parece una película redonda, un ejemplo claro de precisión, cálculo y gusto por el detalle, y creo que sufre, como la mayoría de las películas de este autor, de un enfoque erróneo en su promoción. Si ésta película se hubiera vendido, como Kick-Ass, como una deconstrucción del héroe de cómic, en lugar de como la siguiente obra (de terror) del maestro que creó El sexto sentido, todo hubiera ido mejor, y hoy hablaríamos de ella como una revisión muy cuidada del género, o en cualquier caso como una reescritura actualizada intachable.

El propio Shyamalan se encarga de subrayar esto, quizás con excesiva insistencia, en varios elementos de la película: la relación de Elijah Price (Samuel L. Jackson) con su madre, que le introduce en los cómics, su profesión como dueño de una galería, su reivindicación del género… Es cómic dentro del cine sobre cómics, un cuidado ejercicio de metalenguaje. En cualquier caso, Unbreakable (superior título original) resiste un visionado tras otro, y no pierde un ápice de creatividad. Precisamente es ese carácter de reescritura (junto con la memorable escena final de la película) lo que justifica mi elección.

Vaya por delante que me gusta la forma de narrar de Shyamalan. Frecuentemente se le acusa de ser demasiado aficionado a dar un “giro final” a sus películas, hasta el punto de que el espectador lo busca conscientemente. Personalmente, lo asocio con las normas de la buena cuentística: un buen comienzo y un final impactante. Lo bueno de ese giro final en El protegido es que está anunciado previamente en varias ocasiones, pero el guionista es lo suficientemente inteligente como para sorprendernos y transformar una película de suspense en un drama familiar, y éste en una película de superhéroes muy inteligente, y apta para el espectador no aficionado al género, mientras que el sí-aficionado se alegra al reconocer todos los elementos necesarios, que se combinan con los propios de Shyamalan como autor.

¿Cuáles son esos elementos? Dado el escaso espacio de que dispongo, los enumero: Un héroe, falible y traumatizado, de nombre resonante: David Dunn (Bruce Banner, Peter Parker… ¿Lo pilláis?). El héroe tiene un don especial. En este caso, es capaz de percibir las malas acciones de las personas a las que toca. De la misma manera que Bruce Willis no habla con nadie en El sexto sentido, aquí no toca a nadie, por lo que el descubrimiento resulta sorprendente. Y, sobre todo, es irrompible (la película se inicia cuando descubre que es el único superviviente de un accidente de tren). Además, es guardia de seguridad y jamás ha enfermado (tiene, pues, ciertas predisposiciones heroicas). Pero además, como es un superhéroe, tiene una debilidad, su kriptonita: el agua, que le debilita, como descubrimos gracias a una anécdota del pasado y en otra de las escenas más aplaudidas, la del rescate en la casa. Y que es, también, el punto débil del villano.

En la película, los elementos fantásticos y superheroicos se entrelazan con el mundo de lo cotidiano y entran en conflicto con éste (Dunn, su hijo y una pistola…). Shyamalan utiliza esto tanto para perfilar a los personajes (el hijo como cómplice necesario y futuro sidekick) como para introducir su visión, estremecedora por lo realista y sin sentido, de la violencia, presente en todas sus películas. 

Usa además una narración visual inteligente, que intenta imitar la disposición de las viñetas. Recupera elementos clásicos como el uniforme del héroe (en este caso una capa impermeable con capucha) y los colores: el héroe va de verde, el villano de morado.

Y llegamos al villano. Si hay algo que me gusta de El protegido, sorprendentemente, es la construcción de los personajes arquetípicos, que es simultánea y recibe la misma cantidad de tiempo y atención. Frente a David Dunn tenemos a Elijah Price, infinitamente más interesante y carismático, tanto que deseamos centrarnos más en él y roba la atención del héroe (¿pero no es esto un clásico de los cómics de superhéroes? ¿qué interés puede tener Batman sin el Joker?). Su identidad como villano es, precisamente, la “sorpresa” del filme, aunque el propio Price se encarga de señalar en su monólogo final (otro clásico) que esto era evidente, porque cumple con todas las convenciones del género: ambos son opuestos (irrompible frente a aquejado de una enfermedad de los huesos), crecen como héroe y villano juntos, vemos el origen de ambos y el villano actúa, además, de guía y mentor. Es más, son amigos íntimos, como tantas veces sucede. Es la existencia del villano, del genio del mal, la que justifica la del héroe, el primero crea al segundo y es “recluido en un sanatorio mental” al final de la película (otro elemento familiar y clásico)… Y todo ello se nos revela en una de las escenas finales más afortunadas que recuerdo. A quién quiero engañar. Más allá de la reescritura, el uso inteligente de los elementos que configuran el lenguaje del cómic, la banda sonora o el guión, es esta frase la que convierte a El protegido en la mejor película de Shyamalan: Me llamaban Don Cristal…

Cpt. Flint Baker


The Village (2004)

LA MEJOR PELÍCULA DE M. NIGHT SHYAMALAN ES… El bosque.

Porque es la única película en la que se molesta en hablar de algo en lugar de intentar sorprendernos con lo ocurrentes que son sus guiones. Es Shyamalan parándose a pensar cómo y por qué funciona su propio estilo y poniéndolo al servicio de un argumento propio de En los límites de la realidad, jugando con nuestras expectativas de cuento gótico. No es una historia de miedo, es una historia sobre el miedo y la represión.

Para empezar, el doble misterio que envuelve el pueblo –es curioso como la traducción cambia el foco de atención respecto al título original, The Village– es fácilmente deducible casi desde el principio. No se trata tanto de jugar a sorprender al espectador con las revelaciones como de jugar con lo que implican y cómo se reflejan las diferentes opciones ante el miedo en los personajes principales.

Más que hablar sobre el miedo en sí, la película explica cómo éste provoca la represión y cómo esta acaba creando nuevos miedos, o trayendo de vuelta los antiguos. Cuando el personaje de Alice Hunt le dice a su hijo que no debe olvidar los males del pasado porque significaría que renacerían con otra forma, no es consciente de la ironía de lo que plantea, ya que precisamente eso es lo que intenta ella y el Consejo al aislar de la verdadera naturaleza de su aislamiento al resto del pueblo.

La represión de todo, incluido los propios sentimientos, por miedo directamente a vivir, es la del personaje de Edward Walker, cuyos vicios se reflejan en las relaciones que establecen sus hijos. El Consejo transmite el miedo de maneras terribles, explicando a Lucius que la esencia de lo que desea es el cadáver desnudo y desvalijado de tu padre. Pero él sabe que cada rincón de la aldea guarda algún secreto.

Noah es el personaje central del filme en la medida en que, en su supuesta inocencia, rompe el tabú, y también la víctima principal del mismo. Al mismo tiempo, que ejecute algunas de sus supuestas travesuras llorando sugiere que hasta cierto punto es consciente de lo que hace, esto es, que es consciente de que su supuesta diferencia es una excusa para no hacerse responsable de sus actos. Le ocurre lo mismo que al resto de la segunda generación del pueblo: está imitando a sus mayores.

Al mismo tiempo, la ambigüedad del resquicio de la esperanza se centra en la irracionalidad del miedo y su paralelismo con el amor: donde uno paraliza el otro mueve a la acción. El miedo se mantiene en Ivy hasta el final, a pesar de conocer el secreto tras los monstruos. El miedo es irracional, y el único remedio conocido contra él es el amor. En ningún momento los personajes corren los riesgos reales que piensan que están corriendo.

El miedo y el amor son presentados como contrarios complementarios, como sentimientos paralelos: es el miedo, no por sí mismo, sino por Ivy, el que fuerza que por primera vez Lucius la toque. Es el miedo, pero también el cinismo, lo que mueve a Edward Walker a romper el tabú.

El final es ambiguo porque debe responderlo el espectador. Shyamalan no cierra El Bosque con una moraleja, al contrario que el resto de sus fábulas, porque su conclusión es no tener conclusión: el miedo a la muerte, a la violencia, a los desconocido o al amor es algo con lo que cada uno de nosotros debemos decidir como lidiar.

El Advenedizo


Lady in the water (2006)

LA MEJOR PELÍCULA DE M. NIGHT SHYAMALAN ES… La joven del agua.

Lady in the Water es, sin lugar a dudas, la mejor y más comprometida película del director indio. En su séptimo trabajo como director filmó un pequeño cuento de hadas enmarcado en un entorno cotidiano actual, en este caso un pequeño complejo de apartamentos en el que todos los inquilinos juegan un papel más o menos importante en la historia.

Podemos decir que existe una etapa en la carrera profesional de Shyamalan en la que éste sufre una evolución personal, abarcando cinco de sus trabajos, en orden temporal: El Sexto Sentido, El Protegido, Señales, El Bosque, y, por último, La Joven del Agua. En resumen, podemos decir que el gran éxito de El Sexto Sentido fue lo que le abrió las puertas a Hollywood y le dio el poder suficiente para acometer sus siguientes trabajos como él quisiera (algo de lo que pocos directores pueden presumir).

A partir de aquí, comienza a experimentar y realiza cuatro grandes trabajos, arriesgados en gran medida, que no han tenido el reconocimiento que se merecen debido, principalmente, a dos factores: primero, a unas nefastas campañas de marketing que vendían al espectador unas películas que finalmente no eran lo que se prometía, y, segundo, que desde El Sexto Sentido la gente tiene la errónea idea de que todas las películas de Shyamalan deben tener un final sorpresa (paradójicamente, los tienen pero parece ser que son tan “profundos” que al espectador simple no le gustan, tienen que ser como: “¡Ostras!, ¡está muerto!”, si no, no vale…).

Siguiendo el análisis-resumen, en sus siguientes películas manda mensajes que van moldeando sus propias creencias: El Protegido (aceptación personal), Señales (recobrar la fe, sea el dios que sea), El Bosque (esconderse de la realidad es tan peligroso como afrontarla)… Todas ellas nos llevan a una eclosión final con La joven del Agua: toda esta situación, toda esta sociedad, debe cambiar. Hace un llamamiento a una revolución que corrija lo que, para él, es una sociedad corrupta y enfermiza (es curioso, ¿alguien más ve un 15M por aquí revoloteando…?). Aparte de si se está de acuerdo o no con sus ideas, el hecho es que todas sus reflexiones le han llevado a esta película que es para mí la que cierra este “ciclo Shyamalan”, que es realmente bueno y merece ser visto bajo este prisma.

Existe un capitulo más de este trabajo de reflexiones que dejo aparte deliberadamente. Se trata de El Incidente, su siguiente película, que es un intento fallido (de hecho, es una mala película) de cerrar este ciclo con una especie de apocalípsis en el que unos extraños vientos (sí, “vientos”, literal) nos provocan deseos suicidas, digamos que una fuerza superior nos castiga por pecadores… En fin, una conclusión delirante y desafortunada, mejor olvidarla.

Volviendo a La joven del Agua, un relato fantástico en un bloque de apartamentos de Cleveland, tenemos un jefe de mantenimiento (un correcto Paul Giamatti) que rescata a una misteriosa joven (Bryce Dallas Howard) de la piscina del complejo. El protagonista pronto descubre que la joven es una ninfa de un cuento de hadas que debe entregarle un mensaje a una persona para poder regresar a su mundo. Mientras, él debe protegerla de un peligroso ser que trata de acabar con ella. No pretendo desvelar la trama, pero he de decir que, curiosamente, sus actores protagonistas no tienen los papeles más importantes de la misma. Éste se lo reserva el propio director, que después de aparecer en todas sus películas en pequeños cameos (papeles secundarios de apenas unos segundos), en ésta se atreve a afrontar el que es el verdadero protagonista del film (aquí esta la sorpresa), el de un escritor que descubre y acepta su importante futuro. Puede parecer que la importancia radica en la ninfa y sus protectores contra el mal, representado por un terrorífico lobo, pero son meras fachadas. En realidad, tenemos a dos protagonistas secundarios que son los que nos envían el mensaje principal oculto en la trama: el escritor (Shyamalan), el bueno, que metafóricamente es el constructor de un futuro esperanzador, y el crítico (Bob Balaban), el malo, que representa lo negativo, y al que Shyamalan ridiculiza hasta niveles hirientes (aquí se nota el rencor que el director tiene hacía los críticos que tan mal han tratado sus películas).

Para acabar, quiero resaltar nuevamente la importancia de este film como resultado de las reflexiones que el director ha ido desgranando en sus anteriores trabajos. Siempre bajo el prisma de films de carácter fantástico, el director trata de transmitirnos sus ideas y reflexiones, y con La Joven del Agua nos muestra ese anhelo personal de deseo de cambio, de romper con las reglas sociales actuales y construir un mundo nuevo y mejor. Un mensaje arriesgado y hasta puede que visionario. Por esto creo que es su mejor película.

Drender


EL DESAFÍO es la sección de Continuará… en la que, periódicamente, varios de nuestros redactores presentarán sus argumentos a favor y en contra de algún artefacto concreto de la cultura popular. Esperamos que toméis partido tanto en los comentarios como en las redes sociales.

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Esta entrada fue publicada en 14 junio, 2012 por en El Desafío y etiquetada con , , .
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