Continuará…

Por qué continuar

Inauguro este blog con otro texto que supone otra declaración de intenciones, probablemente la primera de las muchas que vendrán, en ese afán por justificar nuestro intento de contribuir a ese espacio de lo impreciso y, sin embargo, de lo eterno, que supone la red. Pues, si bien está en el aire, en el ciberespacio, la palabra escrita sigue estando escrita y, por tanto, permanece. ¿Por qué queremos continuar? Mejor aún, ¿qué queremos continuar? La respuesta no podría ser más simple y más compleja: Todo, sin excepción. Todo aquello que nos gusta, que nos estimula, que nos repugna, que nos enerva. Todo aquello que, desde el difuso terreno de la ficción, forma parte de nuestras vidas y que nos nos resignamos a que quede en una simple experiencia estética. Tal vez sea deformación profesional, la necesidad de analizar, comentar, desmenuzar en trocitos minúsculos todo aquello que constituye la cultura, por así decir, en el siglo XXI. Libros, por supuesto, pero también películas, series de televisión, música… Todo.

El texto en cuestión es de la poeta y narradora polaca Wislawa Szymborska, y está recogido en su obra Lecturas no obligatorias. Prosas, de Ediciones Alfabia (2009), precisamente bajo el título “Continuará”. En él, la autora recuerda una novela de terror inglesa que leyó en su niñez:

“Recuerdo aquel ejemplar: tenía justo el aspecto que debe tener un libro que ha pasado por las manos de varias generaciones. Sin portada ni cubierta, tenía las páginas roídas por los bordes y cientos de huellas dactilares amarillentas. Dentro había una violeta reseca y una mosca aplastada muchos años atrás, algunos cálculos realizados en los márgenes y unos garabatos hechos con un lapicero de color por algún niño que no conozco. Aún hoy recuerdo la desesperación con la que contaba el menguante número de páginas que restaban. Finalmente llegó aquel cruel instante en el que leí la palabra “fin”. Bajo aquel rótulo jadeaba un vacío que traté a toda costa de llenar con algo. Pero, ¿qué podía hacer? Fue entonces cuando decidí escribir mi propia novela. Me puse a ello con todas mis fuerzas, le saqué punta a un lápiz y abrí un cuaderno en blanco. No tuve que pensar mucho sobre el nombre de la protagonista: ya lo tenía decidido. Recordaba haber visto en una revista una imagen que llevaba por título Idilio en el jardín. Aparecía una pareja de enamorados con un rosal de fondo y, por algún motivo, pensé que Idilio era el nombre de la muchacha. La primera frase de la novela decía así: “Desde que despuntaba el alba, Idilio contemplaba con sus ojos pardos el horizonte desde donde había de llegar el cartero con noticias de su prometido…”. Justo después comenzaba la acción. Alguien se acercaba después por detrás y, pesadamente, posaba su terrible mano sobre el hombro de ella. Aquí, desgraciadamente, se interrumpía el relato por razones un tanto confusas. Por lo tanto, ya nunca sabré qué pasó después”.

Cpt. Flint Baker

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